Atlético con un penal venció al Leganés.

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El Atlético con gol de penalti por parte de Saúl Ñíguez se mantiene en segundo lugar de la clasificación general acumulando 56 puntos. (Foto © marca.com)

 

No estaba Diego Costa. No estaba Morata. Ya no estaba Griezmann. Después ni siquiera estaría Kalinic, para terminar el partido con la curiosa delantera que formaban Vitolo y Correa. El caso es que, cuando Omeruo tardó un mundo en retirar la pierna dentro del área y Mateu señaló el punto de penalti, el Atlético se enfrentó a un dilema. Por no estar, tampoco estaban Godín o Koke, capitanes, para tirar de jerarquía. El brazalete lo llevaba Oblak, por cierto, que aquí nada resulta baladí. Total, que reclamó la pelota Saúl. Personalidad no le falta. Lunin adivinó el zurdazo del 8, pero volvió a dejar la pelota a su merced para que la segunda fuera la buena. Así se ganó un partido de entreguerras.

El propio Saúl había aparecido sobre el césped en la reanudación del choque, para convertirse en uno de los cuatro laterales izquierdos, se dice pronto, que dispuso Simeone frente al Leganés. Empezó ahí Solano, pero, superada la media hora, el míster ordenó que intercambiara su puesto con Arias. Lo hizo además cuando se disponía a sacar de banda el primero, así que todo el estadio se dio por enterado de la permuta en lo que al segundo le tocaba recorrer el ancho del campo para ser definitivamente el que pusiera la pelota en juego. Después, en el descanso,El Cholo prescindió del canterano, que había cumplido en el estreno, para colocar ahí al 8, que en el colmo de la polivalencia terminó como interior derecho, mire usted, a la que Juanfran ingresaba para completar el cupo.

Sin Filipe, sin Lucas, con el sempiterno Saúl obligado a tapar el hueco de Thomas en mediocampo, los laterales de Turín, Arias y Juanfran sí o sí, con independencia del carril que pueda ocupar cada uno, se antojan una de las claves de la batalla que está por venir. Esperan Cristiano, Mandzukic y compañía, así que se prohíbe desde ya mismo grieta alguna en el muro. Porque sí, las cosas como son, se jugaba con la mente en la Champions, en la excepción que confirma la regla del partido a partido. De qué, si no, iba a retirarse Griezmann en el descanso de un partido que ni siquiera se estaba ganando entonces.

Simeone rotó lo que pudo rotar. En el banquillo, con Adán, había dejado a cuatro futbolistas que serán titulares el martes y a dos del filial. Luego está lo de Kalinic, otro caso para el estudio: su llegada no se entendió entonces, ni se ha entendido después, pero su comportamiento ha resultado modélico. Algún golito en los escasos minutos que tuvo, ni una palabra más alta que otra y apuesta por la continuidad cuando la llegada de Morata lo convirtió en tercera referencia para la punta de lanza. Debió sospechar entonces, acertando, que a lesión de compañero por partido volvería a tener una oportunidad.

El Atlético había despachado un primer acto de aire burocrático. Incluso lo salpicó con oportunidades, un par de disparos de Antoine, cabezazos del mencionado Kalinic o Giménez, pero se jugaba porque así lo había dispuesto la organización, no porque hubiera especial celo por hacerlo. Tampoco el Leganés tiraba cohetes: bien armado atrás, tardó un mundo en buscar a una pareja ofensiva como la que tiene, digna de mejores causas. Permítase aquí un paréntesis referido a una entidad, la pepinera, que resulta intachable en lo que a su compromiso respecta. Hace apenas dos semanas, su capitán portaba sobre el césped un brazalete de apoyo al colectivo LGTBI; esta vez, por aquello del 8-M, los jugadores lucían en su aparición camisetas con el nombre de sus respectivas madres.

Nota: marca.com